Los viejitos, tradición purépecha


Esta danza es considerada la más  antigua, original  y reconocida del estado de Michoacán, donde se baila en diferentes poblaciones por indígenas p’urhépechas (o tarascos) desde antes de la conquista.

Cuatro son los componentes de la danza de los viejitos, pues cuatro son las estaciones del año, cuatro son los rumbos del Universo, Norte, Sur, Este y Oeste, cuatro son los lados de una casa, cuatro son las extremidades del ser humano y cuatro son los elementos que conforman el cosmos tierra, fuego, aire y agua y cuatro son los colores básicos, negro, rojo, amarillo y azul, que combinados uno con otro nos dan toda la gama de colores que existen, y cuatro son las estrellas de la constelación que guiaban a los marinos en la antigüedad y que, equivalen a los cuatro planetas conocidos como estrellas que se observaban a simple vista, Mercurio, Marte, Júpiter y Saturno (Tam – Hoscua) y cuatro son los colores del maíz, rojo, azul, blanco y amarillo.

José Luis Huerta

Foto: Gobierno de Michoacán

Foto: Gobierno de Michoacán

Diversos estudios coinciden en afirmar que, a pesar de su espíritu religioso, su mejor característica es el sentido humorístico de los participantes, quienes cubren su rostro con máscaras de pasta de caña de maíz, madera o barro con facciones seniles, desdentados pero sonrientes, aunque presentan un color de piel sonrozada y rozagante propia de la juventud y largos cabellos (o barbas) de ixtle; esta misma contradicción se muestra en el apoyo sobre bastones aparentando una senectud contradictoria a la juventud de la que realmente gozan.

El traje es el común de los campesinos de esa zona, consistente en sombrero de ala ancha y copa baja, de palma, adornado con cintas de colores que parten del centro, y cuelgan 10 cms. debajo del ala; se cubren la cabeza con tela blanca y portan la máscara antes mencionada acompañada por una mascada o paliacate de color fuerte amarrada al cuello; camisa de manta blanca y calzones del mismo material, muy anchos y con la parte baja finamente bordada; traen un “huanengo”, que es una manta rectangular, abierta en el centro, con bordados de punto con hilo rojo o estambre, o una especie de sarape; huaraches y sendos bastones de los denominados “mulitas”.

Al danzar, se muestran movimientos de viejos achacosos y encorvados que se transforman en vigorosos zapateados y una agilidad inusual que contrasta con temblores que provocan caídas, ataques de tos y jocosos intentos de sus compañeros por revivir al accidentado. Algunas fuentes mencionan que originalmente eran cuatro los participantes en esta danza, pero ha habido variaciones por lo que el número de integrantes puede variar a seis o nueve; también, dependiendo de la región, como parte del baile tienen un viejo, una maringuilla y sus kurpites;  en algunos poblados existen requisitos para salir a representar al viejo: ser soltero y saber bailar son y abajeño.

La música que les acompaña se hace con los violines, el clarinete y la guitarra, aunque originalmente se hacía con una jarana como único instrumento musical de acompañamiento.

La danza tiene un origen y sentido completamente ritual y religioso, pues se llevaba a cabo, cada cambio de estación, es decir cada solsticio y cada equinoccio y se ejecutaba en honor del dios viejo Tata Huriata, que en otras versiones lo llaman Huehuetéotl, el  “Dios del Fuego” o “Dios Viejo”. Algunos investigadores mencionan que es posible que esta danza tenga relación con una danza solar de carácter mágico, como la que antiguamente practicaban los pobladores de esta región para obligar “al sol a brillar, apresurar su marcha o detenerse”.

James George Frazer menciona semejanzas en otras culturas, pues en su libro “La Rama Dorada” indica que los indios Chilcotin, durante un eclipse, se remangaban las túnicas, como cuando viajaban, y apoyándose en garrotes, como si fueran cargados con mucho peso, andaban sin cesar formando un círculo hasta que el eclipse había pasado.  También asegura que los antiguos egipcios tenían una fiesta llamada “La Natividad del Bastón del Sol”, pues como el luminar declinaba día tras día en el cielo, y su luz y calor iban disminuyendo, suponían que necesitaba de un bastón en qué apoyarse.

La danza de “Los viejitos” se baila en las fiestas religiosas del 29 de junio en Cucucho para festejar al santo patrono del pueblo; el día 3 de mayo en honor de la Santa Cruz y el 25 de diciembre (navidad) para celebrar el nacimiento del niño Jesús; en la ciudad de Pátzcuaro se baila también el 8 de diciembre en honor a la Virgen de la Salud, patrona de la región, en las fiestas de La Candelaria el 2 de febrero y para la petición de lluvias en los meses de mayo o junio.

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