La Semana Santa de antaño


a9f1En este tiempo de semana santa se nota que los tiempos han cambiado y han dejado de ser en muchas ocasiones el tiempo de reflexión, penitencia y recogimiento de antaño.

Platicando con mi madre me cuenta que en su infancia mi bisabuela era muy estricta en estos días, iniciando desde el miércoles de ceniza, donde no podían faltar  e iniciar con el ritual de no comer carne, costumbre que se extendía durante 40 días, por ello nuestra rica variedad de platillos de cuaresma.

En ese tiempo la abstinencia de comer carne era obligada desde los 14 años y ésta incluía las carnes rojas (puerco o res) e incluso tampoco se permitía la carne de pollo.  El pescado se permitía porque en ese tiempo era un alimento al alcance de los más pobres, quienes acudían al mar o al río a pescarlo, siendo éste en muchas ocasiones su único sustento. En algunas ocasiones, como penitencia o sacrificio, algunas personas se limitaban de algún gusto (pan, tortillas, azúcar, dulces, etc.).

También se permitía cambiar la abstinencia por un acto de caridad o de piedad significativo, exceptuando el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo, donde en éste último, incluso se realizaba ayuno o se tomaba café sin azúcar como sacrificio y único alimento.

Viernes de DoloresPara el Viernes de Dolores, se montaba el altar y se rezaban rosarios en honor a la Virgen de los Dolores (o Dolorosa), con los ritos inherentes a este día.  El Sábado de Dolores era un día especial, porque era el día que había que comprar los insumos para la comida de toda la semana, pues a partir del Domingo de Ramos no se cocinaba hasta el Sábado de Gloria, tampoco abrían los comercios, por lo cual había que tener todo preparado.

El Domingo de Ramos era el primer día de recogimiento y el inicio de la semana santa, donde se dirigían las familias a la iglesia para recordar la entrada de Jesús a Jerusalem y según las costumbres, era obligatorio confesarse y comulgar para llegar sin pecados a la semana mayor.  Este día se debía elegir de entre muchos artesanos aquella palma tejida que después de ser bendecida y de “oir” misa, se colocaría en la entrada de la casa, fungiendo como protección contra todo mal durante todo el año.

Procesion del Silencio en San Angel - Foto Gerardo Alcala5Durante esta semana y sobretodo el Jueves Santo y el Viernes Santo, se prohibía bañarse, encender la radio (y posteriormente, la televisión), los niños no podían jugar o gritar y era un sacrilegio contar chistes o reír, porque eran días de duelo por la muerte y pasión de Jesucristo, días que se usaban para la oración y la reflexión de los actos realizados; este luto se reflejaba también en la vestimenta, donde se preferían los colores obscuros. Si algún niño se peleaba, era una falta de respeto y era un acto que “lastimaba a Jesús”.

Para el Jueves Santo se realizaba la Visita de las Siete Casas, que consiste en visitar siete lugares donde esté el Santísimo Sacramento expuesto. En las diferentes visitas se deben hacer oraciones de perdón, de petición, de agradecimiento y de alabanza a Cristo, en esta visita y fuera de cada iglesia se participaba de la romería con buñuelos, pan de pueblo gorditas de maíz cacahuazintle.

Por su parte, el Viernes Santo era el día más importante, y las actividades consistían en participar en las representaciones del Viacrucis y crucifixión de Jesús ya sea representando alguno de los personajes, participando de la procesión y/o adornando las calles y las “estaciones” del viacrucis con papel picado o tiras de papel en colores blanco y morado. Durante la procesión, en cada estación se lee el pasaje bíblico y se realiza la oración.

051Después de tantas restricciones, el Sábado de Gloria era ya un momento de desfogue y de alegría, pues las prohibiciones se levantaban y era la oportunidad para admirar los judas, personajes que representaban el mal en forma de diablos, políticos o uno que otro vecino “rompe pelotas” y que gustosos veían tronar al encendido de los juegos pirotécnicos.  Previamente estos judas habían sido lucidos en los frentes de los autos o autobuses, o en las fachadas de las casas. Una tradición infaltable eran los baños del sábado de gloria, que consistía en mojar a los transeúntes para “entrar en la gloria”, tradición que la escasez de agua ha mermado y que después de varios días sin bañarse resultaba el alivio para muchas personas. El Sábado Santo no se podía comulgar, y llegada la noche había que prepararse para la vigilia pascual, ceremonia donde acudía toda la familia con un cirio y una cubeta de agua para celebrar el paso de Jesucristo de la muerte a la vida.

Otro dato curioso es que estaba prohibido tocar las campanas de las iglesias desde el Jueves Santo, las cuáles volvían a sonar al abrirse la Gloria, a la media noche del sábado y así dar inicio al Domingo de Resurrección.  Para sustituir a las campanas, se hacía el llamado a los oficios de semana santa con grandes matracas.

Aunque algunas de estas tradiciones aún se conservan, la semana santa se ha transformado sobre todo en las grandes ciudades en un sinónimo de vacaciones y tiempo de irse de paseo o a la playa, perdiendo en muchos sentidos su esencia litúrgica.  Afortunadamente, hay muchos lugares donde las tradiciones continúan, y aunque se ha suavizado su rigor, conservan esa esencia religiosa difuminada en algunas ocasiones entre fe y atracción turística.

Otra costumbre era que en la televisión y en el cine la programación era únicamente de películas religiosas, principalmente sobre la pasión, muerte y resurrección de Cristo.

domingo de ramos Guanajuato

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