Leyenda de la calle de Cruz Verde. Ciudad de México


cruz1La entrada en México de los virreyes de España era siempre un día solemne y las calles y avenidas se llenaban de gente para ver la comitiva y la personalidad del noble español que los monarcas enviaban. Por eso no es de extrañar que el 17 de septiembre de 1556 fuera un día de fiesta, ya que a las once la mañana haría su entrada triunfal el excelentísimo señor don Gastón de Peralta, nombrado por Felipe II, Virrey de la Nueva España.

Entre el cortejo de nobles y caballeros que montaban briosos caballos rodeando al Virrey se distinguía por su elegante porte un joven como de 28 o 30 años, rubio, de barba cerrada y mirada alegre. Montaba en un hermoso caballo árabe, que llevaba sobre el lomo rica montura bordada y así destacaba tan apuesto jinete por su caballerosa arrogancia, siendo admirado por las muchas damas que presenciaban el desfile.

No marchaba muy bien la política en la Nueva España por esos días, en lo que se relacionaba con la Monarquía. Felipe II tuvo de destituir del mando no sólo al virrey Marqués de Falces, sino también a los visitadores Muñoz y Carrillo. Por estos acontecimientos, los habitantes de la capital se entregaron a toda clase de alegrías para celebrar su liberación de aquellas transas e ilegalidades.

Aquel noble y arrogante caballero de quien antes hablamos se llamaba don Álvaro Villadiego y Manrique, quien acompañado de su paje comenzó a recorrer las calles tomando parte en la celebración. Su paso hubiese sido largo si no se hubiera detenido en una esquina de cierta calle en la cual, asomada al balcón de una casa, aparecía una preciosa doncella cuyos encantos penetraron muy adentro del corazón del noble hispano. Preguntando por los alrededores, supo que la ya dueña de su amor se llamaba doña María de Aldarafuente y Segura, hija de un empleado de la Real Hacienda, y por cierto, de muy modesta condición.

calle MiguelesNo pasó en balde el arrogante doncel varias veces por debajo de aquel balcón. La dama pronto comprendió que la rondaba, ya que eso en todas las épocas y en todos los países siempre sucede, gracias al sexto sentido femenino. Pero como sus padres la tenían bien guardada para evitar tropiezos que en esa edad se comenten con facilidad, a los enamorados se les hizo difícil el comunicarse, aunque ya doña María sentía algo más que simple curiosidad por su fiel rondador.

Cuando ya el pretendiente estaba perdiendo las esperanzas, una enfermedad de la madre de la joven quebrantó en algo la dura vigilancia en que se la tenía puesta, y una amorosa carta llegó a poder de la interesada, carta que después de pintar con vivos colores la pasión que había engendrado en él y la decidida voluntad del mozo de hacerla su esposa como Dios manda, indicaba que si no podía ella contestar a la misiva por escrito según costumbre, se lo indicara por medio de una cruz blanca en el balcón; pero si le era posible escribir en el sentido de aceptar sus proposiciones amorosas, entonces la cruz debería ser verde, que no en vano se afirma que éste es el color de la esperanza.

No días sino siglos le parecieron a don Álvaro los transcurridos sin que apareciese cruz alguna de ningún color, hasta que una mañana vio la anhelada señal y del matiz que deseaba, lo cual era la realización de todas sus apasionados deseos.

Un virtuoso sacerdote intervino desde entonces en los preliminares de aquellas relaciones, bajo cuyos auspicios y venciendo las consabidas resistencias de los padres de la novia, tuvo efecto la ceremonia nupcial, asistiendo lo más alto de la nobleza virreinal invitada por el feliz novio.

En memoria de aquella señal que había indicado el principio de sus dichas, don Álvaro de Villadiego y Manrique mandó que se pusiera en el ángulo de la casa, desde el suelo hasta el nivel del balcón, una gran cruz verde de piedra.

calles de la Cruz Verde y de Los Migueles

Foto: INAH-CNMH (ca. 1930)

En la esquina de las calles Correo Mayor y Regina, en el Centro Histórico de la Ciudad de México, hasta hoy podemos ver la cruz, muy grande y tallada en la piedra del muro del edificio, de manera que su pie forma la esquina y los brazos la doblan, uno para la calle conocida como “Cruz Verde” (ahora Regina) y el otro para la calle “de los Migueles” (hoy Correo Mayor). De hecho, la crónica marca que fue la cruz de la leyenda, la que dio nombre a la antigua calle de Cruz Verde.

Vista actual. Fuente: Google maps

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