Leyenda de Los Parachicos. Chiapas.


Foto: Consejo de Promoción Turística

Foto: Consejo de Promoción Turística

Se dice que a mediados del siglo XVIII, al entonces llamado pueblo de Chiapa de la Real Corona, llegó una hermosa mujer llamada Doña María de Angulo que buscaba cura para su hijo enfermo, pero después de haber visitado médicos y curanderos, no consiguió aliviarlo. Alguien le dijo que fuera a Chiapas donde seguramente encontraría la cura, entonces ella se trasladó con todo y servidumbre.

Su hijo por fin se curó y al darse cuenta de que el poblado era de gente humilde trató de recompensarlos repartiéndoles víveres, mandó traer desde tierras distantes ganado y grandes cantidades de cereales. Ordenó que se destazara cada día una vaca en la plaza y repartió canastas con víveres entre la población.

En el mes de enero, el día de San Sebastián, doña María mandó sacar a su hijo en andas y desnudo -como el santo-, para que no volvieran las penurias al pueblo. Mientras tanto los indígenas bailaban alrededor del niño —pintados y disfrazados—, para parecer blancos como su madre y el pequeño no se asustara. Cuando la señora entregaba los regalos a los bailarines decía: “para el chico”, palabras que con el dialecto indígena se resumieron en “Parachico”.

Más tarde, ambos regresaron a su país; y la naturaleza pródiga se manifestó nuevamente, los lugareños relacionaron la abundancia con la petición hecha por la mujer y su hijo al santo. Con la llegada de un nuevo año, los nativos recordaron la visita con la representación de una muchacha y un joven vestidos como los personajes paseando por las calles, rodeados de sus “sirvientes”, quienes repartieron comida simbólicamente.

Foto: Rafael Doniz

Foto: Rafael Doniz

La tradición oral también refiere a otra versión.

Se cuenta que a mediados del siglo XVIII llegó a Chiapa de Corzo una señora española, procedente de Guatemala, quien tenía un hijo enfermo al que los médicos no habían podido curar. Había llegado a Chiapa de Corzo con su hijo y una gran cantidad de sirvientes porque quería consultar a un afamado curandero indígena y fue a visitarlo:

“¡Abrid paso que va a pasar mi señora María de Angulo!”, gritaban los sirvientes de la señora. El curandero le recomendó a la rica española llevar a su hijo enfermo a las aguas curativas de Cumbujuyù (o Cumbujujú) y bañarlo durante nueve días.  Hecho esto, el niño sanó y ella se retiró a Guatemala feliz.

En los años 1767 y 1768, una plaga de langostas destrozó las cosechas de Chiapa y la población sufrió hambruna y después de esta calamidad, se desató una epidemia que acabó con casi la mitad de su población. En plena miseria y abandono, llegaron a Chiapa de Corzo una recua de mula cargadas con grandes despensas: maíz, frijol, verduras y dinero. La gente no lo podía creer y escuchaban de nuevo aquella voz de los sirvientes: “¡Abran campo… abran campo, que mi ama doña María de Angulo va a pasar!”.

Los sirvientes repartían las despensas a las familias, y durante las tardes las sirvientas y sirvientes bailaban y danzaban para diversión de los niños. También les lanzaban dulces y advertían:

“¡Recordad, caballeros hijosdalgo, que los presentes son para los chicos!” en recuerdo al hijo de María de Angulo.

Fiesta Grande

No hay datos que avalen esta leyenda, los cronistas no la mencionan; sin embargo, el relato -con variantes- se conserva en el recuerdo de los chiapacorceños, y en las recopilaciones escritas que se hicieron a finales del siglo XX.

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