Fiestas de día de muertos


Un tanto atrasado debido a la sobrecarga de trabajo, quisiera complementar los artículos que ya se encuentran en este blog sobre el día de muertos con esta información, y con mi particular experiencia de vivir estos días en Santiago Zula, Estado de México donde los festejos tienen sus propias particularidades que aquí menciono.

Fiestas a Miccailhuitontli/Todos los santos y fieles difuntos

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Las fiestas católicas de Todos los Santos y Los Fieles Difuntos, reemplazaron a Miccailhuitontli o “fiesta de los muertecitos”. Los cronistas consignaron que en el noveno mes de Tlaxochimaco (agosto) se conmemoraba a los niños muertos, mientras que al mes siguiente, en Xocolohuetzin (septiembre), se realizaba la fiesta para los adultos.

La celebración de muertos es, sin duda, la más espectacular en nuestro país. En algunos sitios se distingue a los “matados” (28 de octubre), a las almas “en el limbo”, es decir, las de los niños que murieron antes de ser bautizados (30 de octubre), a los “muertos chiquitos” (1 de noviembre) y a los “muertos grandes” (2 de noviembre).

Ante la firme convicción de que los muertos regresan cada año, se pone un altar u ofrenda presidido por una foto del difunto. Se le ofrendan flores, comida, incienso, agua y velas; juguetes para los niños, cigarros y bebidas para los mayores, etc. (alcohol, pulque o atole) . La ofrenda se hace especialmente: desde la loza, que es nueva, hasta los platillos propios de la fiesta son exclusivos de esta fiesta. Los más apreciados son mole, tamales, calabaza en tacha, panes con cabecitas y manos de migajón, dulces de alfeñique en forma de animales, ataúdes de juguete y un sinfín de calaveras moldeadas con azúcar coloreada, en cuyas frentes están escritos los nombres de quienes las comerán; que por sus variados tamaños y colores llegan a ser auténticas piezas de arte. También las hay de chocolate, cartón o barro.

En el noroeste del Estado de México y en Michoacán, además de ofrendar comida, las familias encargan objetos de azúcar con las representaciones de los objetos queridos o deseados por el extinto: sombreros y botas; toros y caballos; sillas y muebles y hasta coches y camiones.

En la zona mixe de Oaxaca, la bruma es un invitado especial durante estas fiestas, pues le otorga un toque especial de magia y misterio a estos fúnebres festejos.

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Pantoxtle

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En Santiago Zula, en el municipio de Temamatla, Estado de México se lleva a cabo el día 1 de noviembre un particular festejo donde los niños “piden su calaverita” de manera muy particular.  Algunos salen disfrazados y acompañados por sus padres y casa por casa y frente a la puerta exclaman al unísono: “pantoxtle”, si no atienden a su llamado se puede escuchar un “mi calaverita tiene hambre”.

Los habitantes de la casa al abrir la puerta se encontrarán con un grupo de niños que pasan al interior de la casa donde se encuentra la ofrenda a los muertos, y frente a ella rezan oraciones y cantan las mañanitas a los muertos.  Una vez terminada su labor de regocijo a los muertos, reciben por parte de los anfitriones dulces, frutas y/o pan de muerto.

Este día también se puede observar en las calles diversas fogatas que los habitantes hacen fuera de sus casas para convivir entre ellos y de alguna forma esperar a sus muertos.

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Xantolo

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La aparición de mariposas blancas en la Sierra Veracruzana, señala el tiempo propicio para montar las ofrendas. En la Huasteca, el Xantolo o culto a los muertos, como se le conoce en la región, y la llorada del hueso son fiestas que se complementa con música y alimentos diversos. Las mujeres hilan flores de cempoalxóchitl y mano de león para colgarlas junto al papel picado; preparan la comida para servirla en ollitas de barro recién cocidas, cubren el techo con frutas tropicales y prenden velas y copal. Los muertos deben encontrar el camino y para ello, se hacen caminos desde el panteón hasta la casa de cada uno, con pétalos de flor de muerto. Los huastecos aseguran que, durante estas celebraciones, los difuntos dejan rastros de su presencia.

Reciben primero a los chiquitos, a los angelitos, y les dan sólo tamales de ajonjolí y dulces, mientras les cantan las mañanitas: “…hoy por ser día de los muertos te las cantamos así…” Después, llegan los mayores. A ellos les preparan zacahuil, chocolate con agua, sotol o pulque.

Durante la fiesta se baila la Danza de los coles o disfrazados, que ridiculiza a los amos y poderosos del lugar, encadenados por un diablo que los somete. Los danzantes cubren sus rostros con una máscara de trapo, para que la muerte no los reconozca.

En Ixhuatlán de Madero, Veracruz; también festejan a los muertos los días 1 y 2 de noviembre. Adornan altares, preparan mole, tamales, chocolate, atole, etc.


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